domingo, 23 de mayo de 2010

La rebelión de las masas

La rebelión de las masas (publicado por primera vez en 1930 en Revista de Occidente) es el libro más importante y conocido de José Ortega y Gasset. En el libro se analizan diversos fenómenos sociales como el advenimiento de las masas al pleno poderío social, el "lleno", las aglomeraciones de gente y a partir de estos hechos, analiza y describe el concepto de lo que llama hombre-masa.

El hombre-masa es producto de una época que se caracteriza por la estabilidad política, la seguridad económica, el confort y el orden público. El mundo que rodea al hombre no le mueve a limitarse en ningún sentido sino que alimenta sus apetitos, que en principio pueden crecer de forma indefinida.

Según Ortega y Gasset, los elementos principales de la estructura psicológica del hombre-masa serían los siguientes:

Una impresión nativa y radical de que la vida es fácil, sin limitaciones trágicas. Por tanto cada individuo medio encuentra en sí una sensación de dominio y triunfo que, le invita a afirmarse a sí mismo tal cual es, a dar por bueno y completo su haber moral e intelectual, lo que le lleva a cerrarse, a no escuchar y por tanto intervendrá en todo imponiendo su vulgar opinión sin contemplaciones, según un régimen de “acción directa”.
La característica principal del hombre-masa consiste en que sintiéndose vulgar, proclama el derecho a la vulgaridad y se niega a reconocer instancias superiores a él.

Delante de una sola persona podemos saber si es masa o no. Masa es todo aquel que no se valora a sí mismo- en bien o en mal- por razones especiales, sino que se siente “como todo el mundo”, y, sin embargo, no se angustia, se siente a salvo al saberse idéntico a los demás.
Por otra parte, cuando Ortega habla de minorías, se refiere a aquel que se exige más que los demás, aunque no logre cumplir en su persona esas exigencias superiores. Por tanto, la división de la sociedad en masas y minorías excelentes no es una división en clases sociales, sino en clases de hombres.

El hombre integrante de la masa se cree que con lo que sabe ya tiene más que suficiente y no tiene la más mínima curiosidad por saber más. El hombre-masa es el hombre cuya vida carece de proyectos y va a la deriva. Por eso no construye nada, aunque sus posibilidades, sus poderes, sean enormes. Según Ortega:

La vida humana, por su naturaleza propia, tiene que estar puesta a algo, a una empresa gloriosa o humilde, a un destino ilustre o trivial.
El hombre-masa tiene varios rasgos: libre expansión de sus deseos vitales y una radical ingratitud hacia cuanto ha hecho posible la facilidad de su existencia. Es decir, sólo le preocupa su bienestar y al mismo tiempo es insolidario con las causas de ese bienestar. Uno y otro rasgo componen la psicología del niño mimado. El hombre-masa es el niño mimado de la historia.

El hombre-masa es incapaz de otro esfuerzo que el estrictamente impuesto como reacción a una necesidad externa. El centro del régimen vital del hombre-masa consiste en la aspiración a vivir sin supeditarse a moral alguna.
J.A.P

Bibliografía de Ortega y Gasset




TRABAJOS INCLUIDOS EN LAS "OBRAS COMPLETAS"

Tomo I

Artículos [1902-1913].
Glosas [1902].
La "Sonata de Estío" de don Ramón del Valle-Inclán [1904].
El poeta del misterio [1904].
"El rostro maravillado" [1904].
La ciencia romántica [1906].
Moralejas [1906].
Canto a los muertos, a los deberes y a los ideales [1906].
Sobre los estudios clásicos [1907].
Teoría del clasicismo [1907].
Viaje a España en 1718 [1908].
Pidiendo una biblioteca [1908].
Aulard: "Taine, Historien de la Révolution Française" [1908].
El sobrehombre [1908].
Meier-Graefe [1908].
Asamblea para el Progreso de las Ciencias [1908].
Algunas notas [1908].
Sobre una apología de la inexactitud [1908].
Una fiesta de paz [1909].
Unamuno, Europa, fábula [1909].
La teología de Renan [1910].
España como posibilidad [1910].
¿Una exposición de Zuloaga? [1910].
Nueva revista [1910].
La epopeya castellana, por Ramón Menéndez Pidal [1910].
Planeta sitibundo [1910].
Una polémica [1910].
Observaciones [1911].
Libros de andar y ver [1911].
Arte de este mundo y del otro [1911].
Alemán, latín y griego [1911].
Una respuesta a una pregunta [1911].
Psicoanálisis, ciencia problemática [1911].
Nuevo libro de Azorín [1912].
Sobre el concepto de sensación [1912].
Fiesta de Aranjuez en honor de Azorín [1913].
Vieja y nueva política [1914].
Meditaciones del "Quijote" [1914].
Artículos [1915].
La voluntad del barroco [1915].
Cuadros de viaje. ¡Se van, se van! [1915].
La guerra, los pueblos y los dioses [1915].
Personas, obras, cosas [1916].
Prólogo [1916].
Las ermitas de Córdoba [1904].
Las fuentecillas de Nuremberga [1906].
Sobre "El santo" [1908].
¿Hombres o ideas? [1908].
Renan [1909].
Al margen del libro "Colette Baudoche", de Maurice Barrès [1910].
Adán en el paraíso [1910].
Al margen del libro "Los iberos" [1909].
El "pathos" del sur [s/f].
La pedagogía social como problema político [1910].
Shylock [1910].
Viaje de España [1910].
Al margen del libro "A. M. D. G." [1910].
La estética de "El enano Gregorio el Botero [1911].
Problemas culturales [1911].
"La Gioconda" [1911].
Vejamen del orador [1911].
Del realismo en pintura [1912].
Los versos de Antonio Machado [1912].

Tomo II

El espectador-I [1916].
Confesiones de "El espectador" [1916].
Verdad y perspectiva [1916].
Nada "moderno" y "muy siglo XX" [1916].
Leyendo el "Adolfo", libro de amor [1916].
Horizontes incendiados [1916].
Cuando no hay alegría [1916].
Estética en el tranvía [1916].
La vida en torno [1911].
Tierras de Castilla [1911].
Tres cuadros del vino [1911].
Filosofía
Conciencia, objeto y las tres distancias de éste [1915].
Ensayos de crítica
Ideas sobre Pío Baroja [s/f].
Una primera vista sobre Baroja (Apéndice) [1910].
El espectador-II [1917].
Palabras a los suscriptores [1917].
Confesiones de "El espectador" [1917].
Democracia morbosa [1917].
Para la cultura del amor [1917].
La vida en torno [1917].
Muerte y resurrección [1917].
Ensayos de crítica [1917].
Azorín o primores de lo vulgar [1917].
El genio de la guerra y la guerra alemana [1915].
El espectador-III [1921].
Incitaciones
Leyendo "Le Petit Pierre", de Anatole France [1919].
Musicalia [s/f].
Notas de andar y ver:
De Madrid a Asturias o los dos paisajes [1915].
Arte:
Los hermanos Zubiaurre [1920].
Ensayos filosóficos (Biología y pedagogía):
El "Quijote" en la escuela [1920].
Meditación del marco [1921].
El espectador-IV [1925].
Incitaciones:
Elogio del "Murciélago" [1921].
Pepe Tudela vuelve a la mesta [1921].
Apatía artística [1921].
Dan-Auta (Cuento negro) [1922].
Carta a un joven argentino que estudia filosofía [1924].
Moralejas:
No ser hombre ejemplar [1924].
Esquemas de Salomé [1921].
Temas de viaje [1922].
Estudios filosóficos:
Las dos grandes metáforas [1924].
Al margen de los días:
Conversación en el "golf" o la idea del "dharma" [s/f].
El espectador-V [1926]:
Notas del vago estío [1925].
Vitalidad, alma, espíritu [1924].
Fraseología y sinceridad [s/f].
El espectador-VI [1927].
Dios a la vista [1926].
Sobre el fascismo [1925].
Destinos diferentes [1926].
En el desierto, un león más [1926].
Para un museo romántico [1922].
La interpretación bélica de la historia [1925].
Sobre la muerte de Roma [1926].
Nuevas casas antiguas [1926].
Meditación del Escorial [1915].
El espectador-VII [1930].
Hegel y América [1928].
Sobre la expresión, fenómeno cósmico [1925].
Cuadernos de bitácora:
La profundidad de Francia [1927].
El siglo XVIII, educador [1927].
El alpe y la sierra [1927].
El origen deportivo del Estado
El silencio, gran brahmán
Intimidades:
La Pampa... promesas [1929].
El hombre a la defensiva [1929].
El espectador-VIII [1934].
Abenjaldún nos revela el secreto (Pensamientos sobre África menor) [1927-1928].
Divagaciones ante el retrato de la Marquesa de Santillana [1918].
Para una ciencia del traje popular [1929].
Tiempo, distancia y forma en el arte de Proust [1923].
Egipcios [1925].
Revés del almanaque [1930].
Socialización del hombre [1930].

Tomo III

Artículos [1917-1920].
Don Gumersindo de Azcárate ha muerto [1917].
Estafeta romántica. Un poeta indo [1918].
Un libro sobre la filosofía del derecho [1918].
Una pérdida nacional: Nicolás Achúcarro [1918].
La muerte de Galdós [1920].
España y Europa. Eugenia de Montijo [1920].
España invertebrada. Bosquejos de algunos pensamientos históricos [1921].
Artículos [1923].
Pedagogía y anacronismo [1923].
Fe de erratas [1923].
Nueva fe de erratas [1923].
El tema de nuestro tiempo [1923].
Las ideas de León Frobenius [1924].
El deber de la nueva generación argentina [1924].
El sentido histórico [1924].
Diálogo sobre el arte nuevo [1924].
Ni vitalismo ni racionalismo [1924].
Las Atlántidas [1924].
Epílogo al libro "De Francesca a Beatrice" [1924].
Artículos (1925)
La resurrección de la mónada [1925].
Pleamar filosófica [1925].
La deshumanización del arte e ideas sobre la novela [1925].
Artículos [1926-1927].
La metafísica y Leibniz [1925].
Sobre una encuesta interrumpida [1926].
Para la historia del amor [1926].
Sobre un periódico de las letras [1927].
Charla, nada más [1927].
La política por excelencia [1927].
Dinámica del tiempo [1927].
Tierras del porvenir [1927].
El poder social [1927].
¿Cómo es Lawrence? [1927].
Espíritu de la letra [1927].
Orígenes del español [1927].
La forma como método histórico [1927].
Galápagos, el fin del mundo [1927].
Ética de los griegos [1927].
"El obispo leproso", nivela por Gabriel Miró [1927].
La querella entre le hombre y el mono [1927].
Para un libro no escrito [1927].
Un diálogo [1927].
Cuestiones novelescas [1927].
La inteligencia de los chimpancés [1927].
Góngora (1627-1927) [1927].
Sobre unas "Memorias" [1927].
Oknos el soguero [1924].
Mirabeau o el político [1927].

Tomo IV

Artículos [1929].
Sobre el vuelo de las aves anilladas [1929].
Kant. Reflexiones de centenario 1724-1924 [1924-1929].
Artículos [1930].
Vicisitudes en las ciencias [1930].
Por qué he escrito "El hombre a la defensiva" [1930].
No ser hombre de partido [1930].
La moral del automóvil en España [1930].
¿Por qué se vuelve a la filosofía? [1930].
La rebelión de las masas [1930].
Misión de la Universidad [1930].
Artículos [1931-1932].
Los "nuevos" Estados Unidos [1931].
¿Instituciones? [1931].
Para el "Archivo de la palabra" [1932].
Sobre los Estados Unidos [1932].
Goethe desde dentro [1932].
Pidiendo un Goethe desde dentro. Carta a un alemán [1932].
Goethe, el libertador [1932].
La poesía de Ana Noailles [1923].
Mauricio Barrès [1923].
Sobre el punto de vista en las artes [1924].
Para una topografía de la soberbia española. (Breve análisis de una pasión) [1923].
Para una psicología del hombre interesante. (Conocimiento del hombre) [1925].
Mallarmé [1923].
Cosmopolitismo [1924].
Reforma de la inteligencia (1) [1926].
El problema de China. Un libro de Bertrand Russell [1923].
Max Scheler. Un embriagado en esencias (1874-1928) [1928].
Sobre la sinceridad triunfante [1924].
Abejas milenarias [1924].
La "Filosofía de la historia" de Hegel y la historiología [1928].
Artículos [1933].
Sobre el estudiar y el estudiante (Primera lección de un curso) [1933].

Tomo V

En torno a Galileo [1933].
Artículos [1934-1935].
Sobre las carreras [1934].
Un rasgo de la vida alemana [1935].
Misión del bibliotecario [1935].
Artículos [1935-1937].
Lo que más falta hace hoy [1935].
La estrangulación de "Don Juan" [1935].
"Libros del siglo XIX": Guizot y la "Historia de la civilización en Europa" [1935].
Cuestiones holandesas [1936].
El derecho a la continuidad [1937].
En la muerte de Unamuno [1937].
Gracia y desgracia de la lengua francesa [1937].
Bronca en la física [1937].
Ensimismamiento y alteración [1939].
Ideas y creencias [1940].
En el centenario de Hegel [1931].
Miseria y esplendor de la traducción [1937].
Defensa del teólogo frente al místico [1929].
En el centenario de una universidad [1932].
Memorias de Mestanza [1936].
Artículos [1940-1941].
Vives [1940].
El intelectual y el otro [1940].
Apuntes sobre el pensamiento, su teurgia y su demiurgia [1941].
Estudios sobre el amor [1941].

Tomo VI

Historia como sistema [1941].
Del imperio romano [1940].
Teoría de Andalucía y otros ensayos [1942].
Introducción a un "Don Juan" [1921].
Paisaje con una corza al fondo [1927].
Corazón y cabeza [1927].
La percepción del prójimo [1929].
Guillermo Dilthey y la idea de la vida
Brindis [1917-1939].
En el banquete de la revista "Hermes" [1917].
En la fiesta del armisticio de 1918 [1918].
En un banquete en su honor en "Pombo" [1922].
En el P. E. N. Club de Madrid [1935].
En la Institución Cultural Española de Buenos Aires [1939].
Prólogos [1914-1943].
Ensayo de estética a manera de prólogo [1914].
A "Pedagogía general derivada del fin de la educación", de J. F. Herbart [1914].
A "Historia de la filosofía", de Karl Vorländer [1921].
A "Obras completas" de Sigmund Freud [1922].
A "Biblioteca de ideas del siglo XX" [1922].

1. A "Ciencia cultural y ciencia natural", de Enrique Rickert [1922].
2. A "Teoría de la relatividad de Einstein y sus fundamentos físicos", de Max Born [1922].
3. A "Ideas para una concepción biológica del mundo", de J. von Uexküll [1922].
4. A "La decadencia de Occidente", de Oswald Spengler [1923].
5. A "Geometrías no euclidianas", de Roberto Bonola [1923].

Propósitos [1923].
Introducción a una estimativa [1923].
A "La academia platónica", de Pablo Luis Landsberg [1926].
A "Psicología", de Francisco Brentano[1916].
A "Una punta de Europa", de Victoriano García Martí [1927].
A una edición de sus obras [1922].
A dos ensayos de historiografía [1935].
A un diccionario enciclopédico abreviado [1939].
A "Cartas finlandesas" y "Hombres del norte" de Ángel Ganivet [1940].
A "Viaje por los valles de la quina", de Paul Marcoy [1941].
A "Historia de la filosofía", de Émile Bréhier (Ideas para una historia de la filosofía" [1942].
A "Veinte años de caza mayor", del conde de Yebes [1942].
A "Aventuras del capitán Alonso de Contreras" [1942].

Tomo VII

Prospecto del Instituto de Humanidades [1948].
Enviando a Domingo Ortega el retrato del primer toro [1950].
Prólogo a "Teoría de la expresión", por Karl Bühler [1950].
Prólogo a "El collar de la paloma", de Ibn Hazm de Córdoba [1952].
Prólogo a "Introducción a las ciencias del espíritu", por Wilhelm Dilthey [1956].
El hombre y la gente [1957].
¿Qué es filosofía? [1958].
Idea del teatro (Una abreviatura) [1958].
Goya [1958].

Tomo VIII

Prólogo para alemanes [1958].
La idea de Principio en Leibniz y la evolución de la teoría deductiva [1958].
Meditación del pueblo joven [1958].
Velázquez [1959].
Paisaje de generaciones [1947].
Tabla de generaciones [1947].

Tomo IX

Una interpretación de la historia universal. En torno a Toynbee [1960].
Meditación de Europa [1960].
Otros escritos afines:
La sociedad europea [1941].
Tocqueville y su tiempo [s/f].
Vistas sobre el hombre gótico [s/f].
Algunos temas del "Weltwerkehr". [1954].
Origen y epílogo de la filosofía [1960].
Para los niños españoles [1965].
Boletín número 1 del "Instituto de Humanidades" [1965].
La caza y los toros [1960].
La caza solitaria [1945].
Borrador del epílogo para Domingo Ortega [s/f].
Notas para un brindis [s/f].
Sobre el libro "Los toros" [1943].
Pío Baroja: Anatomía de un alma dispersa [1964].
Vives-Goethe [1961].
Pasado y porvenir para hombre actual [1951-54].
Individuo y organización [1954].
Las profesiones liberales [1954].
Comentario al "Banquete" de Platón [s/f, ¿1946?].

Tomo X

Escritos políticos I [1908-1914].
Reforma del carácter, no reforma de las costumbres [1908].
Las dos Alemanias [1908].
La solidaridad alemana [1908].
La reforma liberal [1908].
La conservación de la cultura [1908].
Sobre el proceso de Rull [1908].
Sobre la pequeña filosofía [1908].
La moral visigótica [1908].
El cabilismo, teoría conservadora [1908].
De re política [1908].
Disciplina, jefe, energía [1908].
La cuestión moral [1908].
El recato socialista [1908].
Glosas a un discurso [1908].
Nuevas glosas [1908].
Tropos [1909].
Fuera de la discreción [1909].
Guerra con cuartel [1909].
Los problemas nacionales y la juventud [1909].
La ciencia y la religión como problemas políticos [1909].
Imperialismo y democracia [1910].
Catecismo para la lectura de una carta [1910].
Pablo Iglesias [1910].
Diputado por la cultura [1910].
Venerables ironías [1910].
La administración de las virtudes [1910].
Lerroux, o la eficacia [1910].
El lirismo de Montjuich [1910].
Sencillas reflexiones [1910].
La herencia viva de Costa [1911].
El caso Italia [1911].
Más sobre el caso Italia [1911].
De puerta de tierra [1912].
Ni legislar ni gobernar [1912].
Misceláneas socialistas I, II, III, IV, V [1912].
De puerta de tierra [1912].
Sencillas reflexiones [1913].
Competencia [1913].
De un estorbo nacional I [1913].
Socialismo y aristocracia [1913].
De un estorbo nacional I [1913].
Liga de Educación Política [1913].
Anotaciones sobre la guerra en forma de diario [1914].
La guerra y la destitución de Unamuno [1914].
La destitución de Unamuno [1914].
En defensa de Unamuno [1914].
Escritos políticos II [1915-1920].
"España" al lector y dice [1915].
La camisa roja. (Política de la neutralidad) [1915].
Contestando a "Azorín" [1915]
La nación frente al Estado. (Política de la neutralidad) [1915].
Nueva España contra vieja España [1915].
Política de la neutralidad [1915].
Un discurso de ida y vuelta [1915].
La Universidad de Murcia [1915].
Un buen discurso barroco [1915].
La fiesta del trabajo [1915].
Un discurso de resignación [1915].
Más literatura resignada [1915].
Ideas políticas [1915].
¡Libertad, divino tesoro! [1915].
Matonismo periodístico [1915].
Una manera de pensar [1915].
El gobierno que se ha ido [1915].
El gobierno que ha venido [1915].
El verano, ¿será tranquilo? [1917].
Los votos van al presidio [1917].
Hacia una mejor política [1917].
Localismo [1917].
Ideas [1917].
Hacia una mejor política [1917].
Comedia del libertino escrupuloso.
Hacia una mejor política [1917].
I. Política del "cuasi".
II. Un poco de sociología.
III. La guerra y la inercia política.
IV. Más, más ministros.
V. El hombre de la calle busca un candidato.
Idea de estas elecciones [1918].
El ayer y el hoy de las Juntas [1918].
Fabricantes de rencor [1918].
Albricias nacionales [1918].
Gobierno de reconstrucción nacional [1918].
Resumen de una historia [1918].
Diálogos superfluos [1918].
Los cazadores de pluma [1918].
La verdadera cuestión española [1918].
Política española [1918].
Falta una gran política española [1918].
El descrédito de un gobierno [1918].
La paz y España [1918].
En el momento de la paz [1918].
Crisis resuelta [1918].
Los momentos supremos [1918].
El momento actual es decisivo [1918].
Los señoritos de la regencia [1918].
La grave política de estos días [1918].
Anatomía de un discurso [1918].
La situación política [1918].
Por centésima vez [1919].
Sobre el estatuto regional [1919].
Balada de Boabdil La Chica [1919].
España y la Liga de Naciones [1919].
Feria de ambiciones [1919].
En 1919, "dictadura" es sinónimo de "anarquía" [1919].
Un problema de organización española [1919].
El problema agrario andaluz [1919].
Ni revolución ni represión [1919].
La censura negra y la censura roja [1919].
Un parlamento industrial [1919].
Del conflicto actual [1919].
La ilusión de los grandes partidos [1919].
Tartufo y compañía [1919].
Tartufo, chafado [1919].
La política inmediata [1919].
Política española [1919].
Estériles ilusiones [1919].
La fiesta de los ingenieros [1919].
1907-1919: palabras sin sentido [1919].
El momento político I [1919].
La discusión de actas en el Congreso [1919].
Del momento político [1919].
El momento político II [1919].
El momento político actual [1919].
Los viejos partidos se van... [1919].
Ante el movimiento social, I [1919].
El ex presidente escribe... [1919].
Ante el movimiento social, II, II y IV [1919].
En tiempo de lock-out [1919].
Las sesiones de estos días [1919].
La situación actual de España [1919].
Los crímenes sociales [1920].
Alrededor de un discurso [1920].
La polémica parlamentaria [1920].
El momento político-militar [1920].
La política del Gobierno [1920].
La situación político-militar [1920].
El momento español [1920].
Pascua y calvario [1920].
De la política actual [1920].
El confuso momento político [1920].
El señor Dato se encarga del poder [1920].
En el horizonte político [1920].
Breves reflexiones [1920].
A todos los trabajadores [1920].
El señor Dato, responsable de un atropello a la constitución [1920].
Pleitos periodísticos [1920].
El señor Dato y los periódicos [1920].
Sobre la Real Orden [1920].
La tintura de Llodio o el arcaísmo de un Decreto [1920].
El discurso del señor La Cierva [1920].
Política social [1920].
El momento político [1920].
Del momento político [1920].

Tomo XI

Escritos políticos III [1922-1933].
Imperativo de intelectualidad [1922].
Ideas políticas [1922].
Sobre la vieja política [1923].
Ideas políticas [1924].
Vaguedades [1925].
Hacia la reforma nacional [1925].
Entreacto polémico [1925].
Maura o la política [1926].
Dislocación y restauración de España [1926].
Selección [1926].
Señor don... [s/f].
Memorias de un político [1929].
Ligero comentario [1930].
Notas [s/f ¿1930?].
Sobre el poder de la prensa [1930].
Escritos políticos [1931-1933].
Agrupación al Servicio de la República [1931].
Declaraciones de don José Ortega y Gasset [1931].
Discurso en Segovia [1931].
Puntos esenciales [1931].
Prólogo sobre la censura del Conde [1931].
Antitópicos [1931].
Siguen los "problemas concretos": I. [1931].
Sobre la "frase huera" [1931].
Siguen los "problemas concretos": II [1931].
Adiós a los lectores de "El Sol" [1931].
La redención de las provincias y la decencia nacional. Artículos de 1927 y 1930.
Rectificación de la República. Artículos y discursos [1931].
Hacia un partido de la nación [1932].
Circular [1932].
Sobre una dimisión [1932].
Discurso de Oviedo [1932].
Sobre la razón suficiente [1932].
¿Por qué no probar a hacer bien las cosas? [1932].
Discurso sobre el Estatuto de Cataluña [1932].
Discurso de rectificación [1932].
Estos republicanos no son la República [1932].
Hay que reanimar a la República [1932].
Se anuncian unas Memorias [1932].
Sensaciones parlamentarias [1932].
Segunda intervención sobre el Estatuto Catalán [1932].
Por si sirve de algo [1932].
Memorias de quince meses [1932].
Manifiesto disolviendo la Agrupación al Servicio de la República [1932].
Carta [1933].
La necesaria experiencia del error [1933].
¡Viva la República! [1933].
En nombre de la nación, claridad [1933].

Tomo XII

Unas lecciones de metafísica [1932-1933].
Sobre la razón histórica [1944].
Investigaciones psicológicas [1982].
Para un diccionario filosófico [s/f].



TRABAJOS NO INCLUIDOS EN LAS "OBRAS COMPLETAS"

*

"Textos desconocidos de Ortega y Gasset". Ed. de Ricardo Senabre, en Letras de Deusto, 13.26 (1983): 211-219.
*

¿Qué es conocimiento? Ed. de Paulino Garagorri. Madrid: Alianza-Revista de Occidente, 1984.
*

Epistolario completo Ortega-Unamuno. Edición y notas de Laureano Robles Carcedo. Madrid: Orán/El Arquero, 1987.
*

"Sobre la fenomenología (inédito)". Revista de Occidente. 108 (1990): 13-28.
*

"Cartas inéditas de Araquitáin a Ortega". Ed. de Margarita Márquez Padorno y Juan F. Fuentes. Revista de Occidente 156 (?): 155-180.
*

Notas de trabajo. Epílogo. Ed. de José Luis Molinuevo. Madrid: Alianza-Fundación José Ortega y Gasset, 1994.
*

Cartas de un joven español: (1881-1908). Edición de Soledad Ortega. Madrid: El Arquero, 1991.


A.R.E y R.R.R

miércoles, 19 de mayo de 2010

ORTEGA Y GASSET


I. LA IDEA DE LA FILOSOFÍA

I.1. Rasgos de la filosofía
En su obra titulada "¿Qué es filosofía?" define esta disciplina como “el estudio radical de la totalidad del Universo”, y presenta algunos rasgos principales que, a su vez, permiten aclarar la definición citada.
a) Principio de autonomía: siguiendo a Descartes, Ortega mantiene que el filósofo no puede tomar prestadas las verdades conquistadas por otros saberes; al menos en lo relativo a las fundamentos de la investigación filosófica, debe admitir como verdadero sólo aquello que se le muestre a él mismo con evidencia. Y es precisamente este afán por la autonomía de la filosofía lo que llevará a nuestro filósofo a la búsqueda de un dato que presente evidencia absoluta, de una realidad primera y radical (el vivir) y le conducirá a cuestionar las creencias más elementales desde el punto de vista de la actitud natural, de la actitud espontánea que fluye en la vida.
b) Principio de pantonomía o universalismo: las ciencias (biología, física, química...) se interesan cada una de ellas por una parte de la realidad; la filosofía, sin embargo, lo hace por el todo, por el Universo en general, siendo éste la suma de “todo cuanto hay”, el conjunto de todas las cosas, tanto las existentes como las meramente pensadas, imaginadas o deseadas. Podría objetarse que al filósofo también le interesa la ética, la estética, la teoría del conocimiento, la antropología, y que para su estudio estas disciplinas acotan una parte de la realidad. Sin embargo, en cada uno de estas investigaciones “particulares”, el filósofo hace una valoración de la región del ser que le interesa (lo moral, lo bello, la verdad, el ser humano) y las estudia en relación con el conjunto de la realidad, con la totalidad; en este enmarcar una realidad particular en el conjunto en el que se inscribe, la filosofía descubre el sentido de las cosas, el ser presente en todas ellas. Esto quiere decir que para Ortega y Gasset la filosofía es lo que tradicionalmente se identifica con la ontología: el estudio del ser, en qué consiste el ser y las categorías principales del ser.
c) La filosofía es un conocimiento teórico: por ser conocimiento es un sistema de conceptos precisos, basados en el ejercicio de la razón y disciplinado mediante la fidelidad a la lógica y a las reglas de la argumentación (Ortega está en contra del misticismo), y por ser teórico es un saber ajeno a la preocupación por el domino técnico del mundo pues la filosofía no da reglas concretas para la transformación de la realidad y la construcción de objetos. Sin embargo, no hay que creer que esta “inutilidad” de la filosofía la haga poco importante; antes al contrario; Ortega presenta dos razones que convierten a la filosofía en un saber imprescindible: por un lado, intenta satisfacer una de las dimensiones más importantes e irrenunciables de la vida humana, como es el afán por el conocimiento, la búsqueda de la verdad sobre el mundo; además, la filosofía tiene lo que podríamos llamar “utilidad existencial”: como indica con frecuencia, el hombre es un náufrago perdido en la existencia y en este naufragio las teorías, particularmente las filosóficas, le permiten orientarse en la realidad.

I.2. El método de la filosofía: la intuición filosófica
En cuanto al método que se debe utilizar en las investigaciones filosóficas, de nuevo encontramos la influencia de Descartes, pero más aún de Edmund Husserl, el fundador de la fenomenología. Ortega considera que el conocimiento humano descansa en principios muy básicos que se alcanzan mediante actos simples de conocimiento a los que llama intuiciones; los ejemplos más sencillos de intuición se sitúan en el nivel de la intuición sensible o percepción; pero la intuición no se limita a la esfera de la percepción ni es por tanto sólo intuición sensible; también hay otros tipos de realidades u objetividades que pueden darse en persona, que pueden estar presentes ante la mirada del sujeto cognoscente. En este punto Ortega señala los límites del positivismo, heredero del empirismo: su comprensión de lo positivo, de aquello que realmente se da, es demasiado estrecha, al admitir como datos sólo los que se ofrecen a la percepción. Frente a este positivismo reivindica el “positivismo radical”. De este modo, dice Ortega, es posible la intuición o conocimiento inmediato de la verdad también en otros ámbitos, como el de las objetividades matemáticas, o del mundo de los valores y, por supuesto, respecto de los grandes temas de la filosofía. Existe por tanto lo que podríamos llamar “intuición filosófica”: intuición porque es un acto de conocimiento privilegiado, la presencia inmediata de la verdad, y filosófica porque la objetividad que en este acto se muestra es un sentido filosófico.

II. La nueva idea de Razón propuesta por Ortega: razón vital y razón histórica
Puesto que Ortega nos propone una modificación de la idea de ser, no es extraño que acompañe a esta propuesta la reivindicación de una nueva forma de conocer la realidad: la realidad primordial, la vida, sólo puede captarse adecuadamente mediante el recurso de la razón vital y de la razón histórica.
Ortega y Gasset llamó racio-vitalismo a su sistema filosófico. Es la filosofía que tiene como tema explícito la reflexión sobre la vida y el descubrimiento y explicación de sus categorías fundamentales. Con este título quiso separarse de los movimientos vitalistas más conocidos, particularmente del irracionalista propuesto por Nietzsche. Nuestro autor considera que carece de sentido rechazar la racionalidad humana pues es una dimensión básica e irrenunciable al estar incardinada en la vida humana y ser uno de sus instrumentos. El apetito de verdad y de objetividad forma parte de las inclinaciones más profundas del ser humano, así como nuestra predisposición a alcanzar dichos ideales mediante el ejercicio de la razón; además, con la razón construimos descripciones de la realidad que nos permiten orientarnos en la existencia: los sistemas de creencias hacen inteligible la realidad y permiten enfrentarnos al naufragio que invariablemente es la existencia. Pero ello no nos lleva de ningún modo al racionalismo pues la razón vital, a diferencia de la razón pura del racionalismo es capaz de recoger las peculiaridades y reclamaciones de la vida (la perspectiva, la individualidad, la historia, la vocación por la acción, la excelencia y la corporeidad...).
La razón vital conduce invariablemente a la razón histórica, puesto que la vida es esencialmente cambio e historia. La razón histórica tiene como objetivo permitirnos comprender la realidad humana a partir de su construcción histórica y de las categorías de la vida; con ella podemos superar las graves limitaciones de la razón fisico-matemática propuesta en la modernidad. La filosofía tradicional había defendido la existencia de la naturaleza humana, de un núcleo fijo, estático y esencial, y por lo tanto había entendido al hombre en términos semejantes a las cosas del mundo (en términos substancialistas). El concepto de razón pura y matematizante típico de la modernidad es la culminación de este punto de vista, pero, señala Ortega, este tipo de racionalidad ha tenido un éxito relativo pues con ella se han cumplido los ideales técnicos de la modernidad aunque no los morales y existenciales. La razón básica de este fracaso se debe a que esta idea de racionalidad típica de la Edad Moderna es adecuada para aprehender las cosas, pero no propiamente la realidad humana, pues el hombre no es una cosa más del mundo, ni tiene naturaleza ni un ser estático, sino temporalidad e historia. Ortega describe dos formas de dar cuenta de la realidad: explicamos una cosa cuando descubrimos las leyes cuantitativas a las que se somete; esta forma de comprensión es legítima cuando se aplica a los hechos y a las cosas, pero no cuando intentamos dar cuenta de los asuntos humanos. Entendemos algo cuando captamos el sentido presente en dicha realidad, y es esta la forma de comprensión adecuada para dar cuenta del mundo humano: el mundo humano no consta de hechos sino de sentidos. El sentido o significación de una acción o asunto humano se hace inteligible cuando lo relacionamos con las creencias, valoraciones, sentimientos y proyectos del individuo, grupo o comunidad en el que aparece dicha acción o asunto; la razón histórica es precisamente el instrumento que debemos utilizar para comprender los sentidos de la existencia humana. Para ello, la razón histórica se ha de referir a dimensiones del vivir como los sentimientos y proyectos del individuo o colectividad que queramos estudiar, y a las categorías, creencias y esquemas mentales que cada individuo, grupo o cultura ha utilizado para dar un sentido a su vida y enfrentarse al reto de la existencia. La razón histórica utiliza igualmente los recursos interpretativos que nos permite el enfoque historicista: el análisis de la biografía, la teoría de las generaciones y la comprensión de las distintas épocas que constituyen nuestro pasado y determinan nuestro presente.

RAQUEL MARTÍN BENÉITEZ

MÁS DE RUSSELL

El atomismo lógico
Esta escuela, representada por Russell, Moore y Wittgenstein, surge como una reacción contra el idealismo de Bradley, que presuponía una lógica monista en la que cada cosa está constituida por un conjunto de relaciones "internas" que ligan a todo el Universo el cual es un "Todo interdependiente", de manera tal que no es posible conocer una cosa sin tener conocimiento de todo el universo.
Cabe destacarse que Russell y Wittgenstein eran especialistas en lógica-matemática: el mundo está compuesto por múltiples individuos separados y a la vez relacionados entre sí.
El atomismo lógico y los hechos atómicos

El mundo se compone de átomos lógicos o elementos primarios.
Pero esto no es suficiente para caracterizar el mundo, éste es más bien un conjunto de hechos atómicos, o un conjunto de sucesos también aislados e independientes y no de objetos y cosas. Estoy no quiere decir que no haya "cosas" (compuestas de "átomos lógicos") pero, en sentido estricto, el mundo lo componen únicamente los hechos que suceden con o a esas cosas: como por ejemplo "esto es rojo" o "está nevando".
Wittgenstein desarrollará en Tractatus, la visión más acabada de la cuestión, puntualizamos a modo de síntesis:
El mundo es todo lo que acontece
• El mundo es la totalidad de los hechos, no de las cosas
• El mundo está determinado por los hechos y por ser todos los hechos
• Porque la totalidad de los hechos determina lo que sucede y también lo que no sucede
• Los hechos en el espacio lógico son el mundo
• Cualquier cosa puede suceder o no suceder y todo el resto sigue igual
Lo que acaece, el hecho, es la existencia de los hechos atómicos
El hecho atómico es la combinación de los objetos (entidades, cosas)
Es esencial a la cosa poder ser parte constitutiva de un hecho atómico
Cada cosa está en un espacio de posibles hechos atómicos. Puede pensarse ese espacio como vacío más no es posible pensar la cosa sin el espacio
El objeto es simple
Los objetos forman la substancia del mundo, por eso no pueden ser compuestos
Lo fijo, lo existen y el objeto son uno
El objeto es lo fijo, lo existente. Lo variable es la configuración.
La totalidad de los objetos existentes es el mundo

RAQUEL MARTÍN BENÉITEZ

miércoles, 12 de mayo de 2010

RUSSELL

Filósofo y matemático británico, galardonado con el premio Nobel, cuyo énfasis en el análisis lógico repercutió sobre el curso de la filosofía del siglo XX. Nacido en Trelleck (Gales), el 18 de mayo de 1872, Russell estudió en el Trinity College de la Universidad de Cambridge. Tras graduarse en 1894, viajó a Francia, Alemania y Estados Unidos, y luego fue nombrado miembro del consejo de gobierno del Trinity College. Desde muy joven mostró un acusado sentido de conciencia social; al mismo tiempo se especializó en cuestiones de lógica y matemáticas, áreas de las que dio conferencias en muchas instituciones de todo el mundo. Russell alcanzó el éxito con su primera gran obra Principios de matemáticas (1902), en la que intentó trasladar las matemáticas al área de la filosofía lógica y dotarlas de un marco científico preciso. Colaboró durante ocho años con el filósofo y matemático británico Alfred North Whitehead para elaborar la monumental obra Principia Mathematica Principios Matemáticos (3 volúmenes, 1910-1913), donde se mostraba que esta materia puede ser planteada en los términos conceptuales de la lógica general, como clase y pertenencia a una clase. Este libro se convirtió en una obra maestra del pensamiento racional. Russell y Whitehead demostraron que los números pueden ser definidos como clases de un tipo determinado, y en este proceso desarrollaron conceptos racionales y una anotación que hizo de la lógica simbólica una especialización importante dentro del campo de la filosofía occidental. En su siguiente gran obra, Los problemas de la filosofía (1912), Russell recurrió a la sociología, la psicología, la física y las matemáticas para refutar las doctrinas del idealismo, la escuela filosófica dominante en ese tiempo, que mantenía que todos los objetos y experiencias son fruto del intelecto; Russell, una persona realista, creía que los objetos percibidos por los sentidos poseen una realidad inherente al margen de la mente.

Russell condenó a ambos bandos en la I Guerra Mundial y por su posición íntegra fue encarcelado y privado de su puesto de trabajo en Cambridge. En la cárcel escribió Introducción a la filosofía matemática (1919), donde combina las dos áreas del saber que él consideraba inseparables. Después de la guerra visitó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, y en su libro Práctica y teoría del bolchevismo (1920) mostró su desacuerdo con la forma en que allí se llevaba a cabo el socialismo. Consideraba que los métodos utilizados para alcanzar un sistema comunista eran intolerables y que los resultados obtenidos no justificaban el precio que se estaba pagando. Russell impartió clases en la Universidad de Pekín, en China, durante 1921 y 1922. Desde 1928 hasta 1932, tras regresar al Reino Unido, dirigió el Beacon Hill School, escuela privada y muy progresista donde se aplicaban innovadores métodos de enseñanza para niños. Desde 1938 hasta 1944 fue profesor en varias instituciones de los Estados Unidos. Allí escribió Historia de la filosofía occidental (1945). Sin embargo, la Corte Suprema de Nueva York le prohibió dar clases en el College de esta ciudad (ahora City College de la Universidad de Nueva York) por lo que consideraban sus ataques a la religión contenidos en textos como Lo que creo (1925) y su defensa de la libertad sexual, manifestada en Modales y morales (1929). Russell regresó a Inglaterra en 1944 y fue restituido en su puesto del Trinity College. Aunque abandonó el pacifismo para apoyar la causa aliada en la II Guerra Mundial, fue un ardiente y activo detractor de las armas nucleares. En 1949 el rey Jorge VI le otorgó la Orden al Mérito. Russell recibió en 1950 el Premio Nobel de Literatura y fue calificado como "un campeón de la humanidad y de la libertad de pensamiento". Encabezó un movimiento a finales de la década de 1950 que exigía el desarme nuclear unilateral del Reino Unido y fue encarcelado a los 89 años tras una manifestación antinuclear. Murió el 2 de febrero de 1970.

Además de sus primeros trabajos, Russell contribuyó al desarrollo del positivismo lógico, fuerte corriente filosófica durante las décadas de 1930 y 1940. El más importante pensador autriaco de aquellos tiempos, Ludwig Wittgenstein, que fue alumno de Russell en Cambridge, recibió su influencia en sus primeros estudios filosóficos por su original concepto del atomismo lógico. En su búsqueda de la naturaleza y límites del conocimiento, Russell desempeñó un gran papel en el resurgir del empirismo dentro del campo más amplio de la epistemología. En Sobre el conocimiento del mundo exterior (1926) e Investigación sobre el significado y la verdad (1962), intentó explicar todo el conocimiento objetivo como construido a partir de las experiencias inmediatas. Escribió, entre otros libros, El ABC de la relatividad (1925), Educación y orden social (1932), El impacto de la ciencia sobre la sociedad (1952), Mi desarrollo filosófico (1959), Crímenes de guerra en Vietnam (1967) y La autobiografía de Bertrand Russell (3 volúmenes, 1967-1969).
RAQUEL MARTÍN BENÉITEZ

domingo, 25 de abril de 2010

EL SUPERHOMBRE

El hombre es un ser incompleto, pues todo animal da lugar a algo superior. Es un puente entre el simio y el Superhombre, es algo que debe ser saltado, superado. El Superhombre es aquel ser que tiene una moral de nobles, es un noble, y acepta la voluntad de poder: es un hombre legislador, él crea sus propias normas, morales y de todo tipo, además es un hombre que somete las cosas a su voluntad, es un hombre vital: ama la vida y este mundo. Además es un ser que acepta el Eterno Retorno, pues cuando toma una decisión realmente la quiere tomar, y no se arrepiente de sus actos. Sabe que la vida es en parte dolor y en parte placer, pero no reniega de ello.
Nietzsche ve al niño como el verdadero superhombre, este que es inocente, cree en su propia moral, sigue sus propios valores.


El Superhombre(en alemán: Übermensch)es una persona capaz de generar su propio sistema de valores identificando como bueno todo lo que procede de su genuina voluntad de poder.

Una de las ideas que ha defendido con mayor interés, es que los valores tradicionales representados por el cristianismo someten a las personas más débiles a una "moralidad esclava", que no provocan en ellos más que un estado de resignación y conformismo hacia todo lo que sucede a su alrededor. Para él, esos valores tienen que desaparecer para que aparezcan otros nuevos que representen su prototipo de hombre ideal, al que él mismo llamó superhombre. Combate la moral impuesta por las religiones e impulsa una moral que surja desde lo más profundo de las personas.

Según Nietzsche, ese superhombre es seguro, independiente e individualista, y no se deja llevar por la multitud; al contrario de las personas débiles, que sólo se dejan llevar por las tradiciones y las reglas establecidas.

«Escuchad y os diré lo que es el superhombre. El superhombre es el sentido de la tierra. Que vuestra voluntad diga: sea el superhombre el sentido de la tierra. ¡Yo os conjuro, hermanos míos, a que permanezcáis fieles al sentido de la tierra y no prestéis fe a los que os hablan de esperanzas ultraterrenas! Son destiladores de veneno, conscientes o inconscientes. Son despreciadores de la vida; llevan dentro de sí el germen de la muerte y están ellos mismos envenenados. La Tierra, está cansada de ellos: ¡muéranse pues de una vez!»


Este superhombre no cree en las cosas que prometen las religiones después de la muerte, él sólo cree en lo real y en lo que puede ver. Es un ser que, ante todo, razona; aunque eso no quiere decir que no sienta. Este superhombre se deja llevar por sus pasiones y sus sentimientos, pero a su vez, se domina a sí mismo; no busca sólo el placer, esa sería la diferencia con "el último hombre" el último peldaño hacia el superhombre. Nietzsche contradice en esto totalmente a Platón y a Sócrates, los cuales consideraban totalmente necesario el control de las pasiones. Nietzsche considera a Sócrates como el culpable de la moral de rebaño de la sociedad occidental.

Nietzsche expone las ideas del superhombre en su libro Así habló Zaratustra.

NIETZSCHE Y LA TEORÍA DEL ETERNO RETORNO

El eterno retorno es una concepción filosófica del tiempo, planteada por primera vez en occidente por el estoicismo y planteaba una repetición del mundo en donde éste se extinguía para volver a crearse. Bajo esta concepción el mundo era vuelto a su origen por medio de la conflagración, donde todo ardía en fuego. Una vez quemado, se reconstruía para que los mismos actos ocurrieran una vez más en él.

Esta idea fue retomada después por Friedrich Nietzsche en su libro "Así habló Zaratustra".

En el "eterno retorno", como en una visión lineal del tiempo, los acontecimientos siguen reglas de causalidad. Hay un principio del tiempo y un fin... que vuelve a generar a su vez un principio. Sin embargo, a diferencia de la visión cíclica del tiempo, no se trata de ciclos ni de nuevas combinaciones en otras posibilidades, sino que los mismos acontecimientos se vuelven a repetir en el mismo orden, tal cual ocurrieron, sin ninguna posibilidad de variación. En su obra "La gaya ciencia", Nietzsche plantea que no sólo son los acontecimientos los que se repiten, sino también los pensamientos, sentimientos e ideas, vez tras vez, en una repetición infinita e incansable.

En "Así habló Zaratustra", el protagonista descubre esta visión del tiempo y queda desmayado por la impresión. Zaratustra despierta después de siete días de inconsciencia y sus animales lo halagan diciéndole que es el maestro del eterno retorno de lo mismo.

Sólo a través de la realización de que el "eterno retorno" incluye tanto los fracasos como los éxitos logra "despertar" del estado de trance en el que está, sabiendo que, aunque el Hombre vuelva a ser Mono, nuevamente Zaratustra aparecerá para predicar el Superhombre, nuevamente se dará cuenta de lo que es el "eterno retorno" y nuevamente despertará.

En general, se le considera únicamente desde el punto de vista cronológico, en el sentido de repetición de lo sucedido. Pocas veces es pensado como uno de los conceptos más poderosos de la filosofía moral de todos los tiempos:obra de modo que un horizonte de infinitos retornos no te intimide; elige de forma que si tuvieras que volver a vivir toda tu vida de nuevo, pudieras hacerlo sin temor. Nietzsche, en su teoría del eterno retorno, nos enseña sólo una cosa: el hombre logrará transformarse en el "Superhombre" cuando logre vivir sin miedo.

viernes, 23 de abril de 2010


R.P.R

Friedrich Nietzsche

(Röcken, actual Alemania, 1844-Weimar, id., 1900) Filósofo alemán, nacionalizado suizo. Su abuelo y su padre fueron pastores protestantes, por lo que se educó en un ambiente religioso. Tras estudiar filología clásica en las universidades de Bonn y Leipzig, a los veinticuatro años obtuvo la cátedra extraordinaria de la Universidad de Basilea; pocos años después, sin embargo, abandonó la docencia, decepcionado por el academicismo universitario. En su juventud fue amigo de Richard Wagner, por quien sentía una profunda admiración, aunque más tarde rompería su relación con él.

La vida del filósofo fue volviéndose cada vez más retirada y amarga a medida que avanzaba en edad y se intensificaban los síntomas de su enfermedad, la sífilis. En 1882 pretendió en matrimonio a la poetisa Lou Andreas Salomé, por quien fue rechazado, tras lo cual se recluyó definitivamente en su trabajo. Si bien en la actualidad se reconoce el valor de sus textos con independencia de su atormentada biografía, durante algún tiempo la crítica atribuyó el tono corrosivo de sus escritos a la enfermedad que padecía desde joven y que terminó por ocasionarle la locura.
Los últimos once años de su vida los pasó recluido, primero en un centro de Basilea y más tarde en otro de Naumburg, aunque hoy es evidente que su encierro fue provocado por el desconocimiento de la verdadera naturaleza de su dolencia. Tras su fallecimiento, su hermana manipuló sus escritos, aproximándolos al ideario del movimiento nazi, que no dudó en invocarlos como aval de su ideología; del conjunto de su obra se desprende, sin embargo, la distancia que lo separa de ellos.
Entre las divisiones que se han propuesto para las obras de Nietzsche, quizá la más sincrética sea la que distingue entre un primer período de crítica de la cultura y un segundo período de madurez en que sus obras adquieren un tono más metafísico, al tiempo que se vuelven más aforísticas y herméticas. Si el primer aspecto fue el que más impacto causó en su época, la interpretación posterior, a partir de Heidegger, se ha fijado, sobre todo, en sus últimas obras.

R.P.R

domingo, 18 de abril de 2010






Alicia Segurado Gelado

martes, 6 de abril de 2010

lunes, 5 de abril de 2010

Karl Marx, Manuscritos filosófico-económicos, III

" El comunismo es la abolición positiva de la propiedad privada, de la autoenajenación humana, y por tanto, la aprpiación real de la naturaleza humana a través del hombre y para el hombre. Es, pues, la vuelta del hombre mismo como ser social, es decir realmente humano, una vuelta completa y consciente que asimila toda la riqueza del ser anterior.

El comunismo com naturalismo, plenamente desarrollado, es un humanismo, y como humanismo plenamente desarrollado, es un naturalismo. Es la solución definitiva del antagonismo entre el hombre y la naturaleza y el hombre y el hombre. Es la verdadera solución de conflicto entre la existencia y la esencia, entre la objetivación y la autoafirmación, entre la libertad y la necesidad, entre el individuo y la especie. Es la solución del dilema de la historia y sabe que es esta solución."



Marx defiende en este texto el comunismo, como la única posobilidad de superar la secular alineación humana.


R.P.R

jueves, 1 de abril de 2010

VIÑETA SOBRE KARL MARX

FRASES CÉLEBRES DE KARL MARX

-Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos; de lo que se trata es de transformarlo.
-La razón siempre ha existido, pero no siempre en una forma razonable.
-La manera como se presentan las cosas no es la manera como son; y si las cosas fueran como se presentan la ciencia entera sobraría.
-El poder político es simplemente el poder organizado de una clase para oprimir a otra.
-Nadie combate la libertad; a lo sumo combate la libertad de los demás. La libertad ha existido siempre, pero unas veces como privilegio de algunos, otras veces como derecho de todos.
-El motor de la historia es la lucha de clases.
-La religión es el opio del pueblo.
-El obrero tiene más necesidad de respeto que de pan.
-El hombre es el ser supremo para el hombre.

KARL MARX


Marx, K. Prólogo de la Contribución a la crítica de la economía política

"El resultado general a que llegué y que, una vez obtenido, sirvió de hilo conductor a mis estudios, puede resumirse así: en la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción, que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de esas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia".

Es indudable que el pensamiento de Marx, es inseparable de las luchas, el movimiento obrero, las asociaciones internacionales de trabajadores (A.I.T), y todas las revoluciones sociales del siglo; así como del socialismo teórico, al que Marx irónicamente bautizó como socialismo utópico.

A principios del siglo XIX comenzaron a utilizar la palabra socialismo, algunos intelectuales radicales herederos de la Ilustración, para criticar los efectos sociales negativos que había producido la industrialización, el paso del taller a la fábrica. Masas de campesinos, se habían trasladado a las ciudades para trabajar como obreros. Eran las masas proletarias, que vivían en los suburbios y apenas podían sacar adelante a su "prole". Los primeros teóricos socialistas fueron algunos aristócratas franceses como el conde de Saint - Simon, Charles Fourier y el empresario británico Robert. Todos ellos se oponían al capitalismo por considerarlo injusto y explotador de los trabajadores, a los que degradaba y convertía en máquinas o bestias, permitiendo a los ricos incrementar sus rentas y fortunas aún más, mientras los trabajadores se hundían en la miseria. También mantenían que el capitalismo era un sistema irracional e ineficaz para desarrollar las fuerzas productivas de la sociedad, debido a los ciclos, es decir, períodos de superproducción o escasez de consumo; además no proporcionaba trabajo a toda la población, por tanto los recursos humanos no eran del todo aprovechados; generaba lujos en lugar de satisfacer necesidades reales. Aumentaba las desigualdades y tensiones entre distintas clases sociales.

El socialismo supuso una reacción a los ideales del liberalismo: exceso de libertad, éxito individual, fomento de los derechos privados a expensas del bienestar colectivo etc.

Uno de los éxitos del socialismo como movimiento reivindicativo y como teoría política, fueron las Asociaciones Internacionales de Trabajadores (AIT). En 1864 se fundó en Londres la Primera Internacional, asociación que pretendía establecer la unión de todos los obreros del mundo, y planteaba como objetivo final la conquista del poder político por el proletariado. Las fuertes disensiones surgidas entre el socialismo de Marx y el anarquismo de Bakunin, contrario a la centralización jerárquica que Marx propugnaba, provocaron su ruptura en 1876.

Sin embargo las teorías marxistas fueron aceptadas por la mayoría, y a finales del siglo XIX, en 1889, se fundó la Segunda Internacional. El marxismo fue el soporte teórico - práctico de los grupos socialistas a partir de la interpretación materialista de la historia, y se convirtió en la ideología de casi todos los partidos que defendían la emancipación de la clase trabajadora, con la excepción del movimiento laborista de los países anglosajones y de diversas asociaciones anarquistas, que tuvieron un mayor éxito en Italia y en España, y de España pasaron a Sudamérica. El socialismo, no obstante, también tuvo importancia en España, fundándose en 1879 el PSOE (Partido Socialista Obrero Español).

En estos momentos, el socialismo experimentó una gran transformación al pasar de ser una teoría de un reducido número de intelectuales y activistas, a la ideología de los partidos de masas de las clases trabajadoras.

A la muerte de Marx, sus ideas se popularizaron por obra de Engels y la Segunda Internacional Socialista. De acuerdo con el marxismo, los socialistas sostenían que las relaciones capitalistas irían eliminando a los pequeños productores hasta que sólo quedasen dos clases antagónicas enfrentadas: capitalista y obreros. Los partidos socialistas aliados con los sindicatos luchaban por conseguir reivindicaciones laborales, que quedaron plasmadas en la Segunda Internacional Socialista y en el programa del SPD, partido socialista alemán.

Estas reivindicaciones mínimas incluían importantes reformas políticas como el sufragio universal y la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, un sistema de protección social (seguridad social, pensiones y asistencia médica), la regulación del mercado de trabajo, la jornada de ocho horas, la legalización y reconocimiento de las asociaciones y sindicatos de trabajadores, etc.

Los socialistas pensaban que estas reformas podrían hacerse de forma pacífica en los países más industrializados y solo de manera revolucionaria en los que permaneciera el despotismo, como el caso de Rusia. Rosa Luxemburgo abogaba por el recurso de la huelga general de las masas como arma revolucionaria.

La I Guerra Mundial y la Revolución Rusa provocaron la ruptura de la Segunda Internacional entre los partidarios de Lenin - que fundarían en 1919, la Tercera Internacional y los partidos comunistas - , y los socialdemócratas reformistas, que se mantuvieron con el nombre de socialistas o socialdemócratas.

R.M.B

lunes, 29 de marzo de 2010

A.R.E

KARL MARX

BIOGRAFÍA

Pensador socialista y activista revolucionario de origen alemán (Tréveris, Prusia occidental, 1818 - Londres, 1883). Karl Marx procedía de una familia judía de clase media (su padre era un abogado convertido recientemente al luteranismo). Estudió en las universidades de Bonn, Berlín y Jena, doctorándose en Filosofía por esta última en 1841.

Desde esa época, el pensamiento de Marx quedaría asentado sobre la dialéctica de Hegel, si bien sustituyó el idealismo de éste por una concepción materialista, según la cual las fuerzas económicas constituyen la infraestructura que determina en última instancia los fenómenos «superestructurales» del orden social, político y cultural.

En 1843 se casó con Jenny von Westphalen, cuyo padre inició a Marx en el interés por las doctrinas racionalistas de la Revolución francesa y por los primeros pensadores socialistas. Convertido en un demócrata radical, Marx trabajó algún tiempo como profesor y periodista; pero sus ideas políticas le obligaron a dejar Alemania e instalarse en París (1843).

Por entonces estableció una duradera amistad con Friedrich Engels, que se plasmaría en la estrecha colaboración intelectual y política de ambos. Fue expulsado de Francia en 1845 y se refugió en Bruselas; por fin, tras una breve estancia en Colonia para apoyar las tendencias radicales presentes en la Revolución alemana de 1848, pasó a llevar una vida más estable en Londres, en donde desarrolló desde 1849 la mayor parte de su obra escrita. Su dedicación a la causa del socialismo le hizo sufrir grandes dificultades materiales, superadas gracias a la ayuda económica de Engels.

Marx partió de la crítica a los socialistas anteriores, a los que calificó de «utópicos», si bien tomó de ellos muchos elementos de su pensamiento (de autores como Saint-Simon, Owen o Fourier); tales pensadores se habían limitado a imaginar cómo podría ser la sociedad perfecta del futuro y a esperar que su implantación resultara del convencimiento general y del ejemplo de unas pocas comunidades modélicas.

Por el contrario, Marx y Engels pretendían hacer un «socialismo científico», basado en la crítica sistemática del orden establecido y el descubrimiento de las leyes objetivas que conducirían a su superación; la fuerza de la Revolución (y no el convencimiento pacífico ni las reformas graduales) serían la forma de acabar con la civilización burguesa.
En 1848, a petición de una Liga revolucionaria clandestina formada por emigrantes alemanes, Marx y Engels plasmaron tales ideas en el Manifiesto Comunista, un panfleto de retórica incendiaria situado en el contexto de las revoluciones europeas de 1848.

Posteriormente, durante su estancia en Inglaterra, Marx profundizó en el estudio de la economía política clásica y, apoyándose fundamentalmente en el modelo de David Ricardo, construyó su propia doctrina económica, que plasmó en El Capital; de esa obra monumental sólo llegó a publicar el primer volumen (1867), mientras que los dos restantes los editaría después de su muerte su amigo Engels, poniendo en orden los manuscritos preparados por Marx.

Partiendo de la doctrina clásica, según la cual sólo el trabajo humano produce valor, Marx denunció la explotación patente en la extracción de la plusvalía, es decir, la parte del trabajo no pagada al obrero y apropiada por el capitalista, de donde surge la acumulación del capital. Criticó hasta el extremo la esencia injusta, ilegítima y violenta del sistema económico capitalista, en el que veía la base de la dominación de clase que ejercía la burguesía.

Sin embargo, su análisis aseguraba que el capitalismo tenía carácter histórico, como cualquier otro sistema, y no respondía a un orden natural inmutable como habían pretendido los clásicos: igual que había surgido de un proceso histórico por el que sustituyó al feudalismo, el capitalismo estaba abocado a hundirse por sus propias contradicciones internas, dejando paso al socialismo. La tendencia inevitable al descenso de las tasas de ganancia se iría reflejando en crisis periódicas de intensidad creciente hasta llegar al virtual derrumbamiento de la sociedad burguesa; para entonces, la lógica del sistema habría polarizado a la sociedad en dos clases contrapuestas por intereses irreconciliables, de tal modo que las masas proletarizadas, conscientes de su explotación, acabarían protagonizando la Revolución que daría paso al socialismo.

En otras obras suyas, Marx completó esta base económica de su razonamiento con otras reflexiones de carácter histórico y político: precisó la lógica de lucha de clases que, en su opinión, subyace en toda la historia de la humanidad y que hace que ésta avance a saltos dialécticos, resultado del choque revolucionario entre explotadores y explotados, como trasunto de la contradicción inevitable entre el desarrollo de las fuerzas productivas y el encorsetamiento al que las someten las relaciones sociales de producción.

También indicó Marx el sentido de la Revolución socialista que esperaba, como emancipación definitiva y global del hombre (al abolir la propiedad privada de los medios de producción, que era la causa de la alienación de los trabajadores), completando la emancipación meramente jurídica y política realizada por la Revolución burguesa (que identificaba con el modelo francés); sobre esa base, apuntaba hacia un futuro socialista entendido como realización plena de las ideas de libertad, igualdad y fraternidad, como fruto de una auténtica democracia; la «dictadura del proletariado» tendría un carácter meramente instrumental y transitorio, pues el objetivo no era el reforzamiento del poder estatal con la nacionalización de los medios de producción, sino el paso -tan pronto como fuera posible- a la fase comunista en la que, desaparecidas las contradicciones de clase, ya no sería necesario el poder coercitivo del Estado.

Marx fue, además, un incansable activista de la Revolución obrera. Tras su militancia en la diminuta Liga de los Comunistas (disuelta en 1852), se movió en los ambientes de los conspiradores revolucionarios exiliados, hasta que, en 1864, la creación de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) le dio la oportunidad de impregnar al movimiento obrero mundial de sus ideas socialistas. Gran parte de sus energías las absorbió la lucha, en el seno de aquella primera Internacional, contra el moderado sindicalismo de los obreros británicos y contra las tendencias anarquistas continentales representadas por Proudhon y Bakunin. Marx triunfó e impuso su doctrina como línea oficial de la Internacional, si bien ésta acabaría por hundirse como efecto combinado de las divisiones internas y de la represión desatada por los gobiernos europeos a raíz de la revolución de la Comuna de París (1870).

Retirado desde entonces de la actividad política, Marx siguió ejerciendo su influencia a través de sus discípulos alemanes (como Bebel o Liebknecht); éstos crearon en 1875 el Partido Socialdemócrata Alemán, grupo dominante de la segunda Internacional que, bajo inspiración decididamente marxista, se fundó en 1889.
Muerto ya Marx, Engels asumió el liderazgo moral de aquel movimiento y la influencia ideológica de ambos siguió siendo determinante durante un siglo. Sin embargo, el empeño vital de Marx fue el de criticar el orden burgués y preparar su destrucción revolucionaria, evitando caer en las ensoñaciones idealistas de las que acusaba a los visionarios utópicos; por ello no dijo apenas nada sobre el modo en que debían organizarse el Estado y la economía socialistas una vez conquistado el poder, dando lugar a interpretaciones muy diversas entre sus seguidores.

Dichos seguidores se escindieron entre una rama socialdemócrata cada vez más orientada a la lucha parlamentaria y a la defensa de mejoras graduales salvaguardando las libertades políticas individuales (Kautsky, Bernstein, Ebert) y una rama comunista que dio lugar a la Revolución bolchevique en Rusia y al establecimiento de Estados socialistas con economía planificada y dictadura de partido único (Lenin, Stalin, Mao).

Carlos marx. El materialismo dialéctico

El materialismo dialéctico, cuya presentación como tal se debe más a la actividad de Engels que a la del propio Marx, ha sido considerado tradicionalmente como la toma de posición filosófica de Marx y Engels frente al idealismo hegeliano, es decir, como el resultado de su crítica del idealismo y, como tal, se ha presentado por la mayoría de los estudiosos del marxismo como el marco de referencia conceptual desde el que desarrolla el materialismo histórico, que sería la expresión propiamente científica de su pensamiento. La exposición del materialismo dialéctico se encuentra fundamentalmente en las obras de Engels: "Anti-Dühring", (con contribuciones de Marx, publicado en 1878), y "Sobre la dialéctica de la naturaleza", (escrito entre 1873 y 1886), obra, esta última, también conocida por Marx, cuyos contenidos nunca rechazó y que, dada la estrecha colaboración entre ambos hasta su muerte, se suele considerar también como expresión del pensamiento propio de Marx.
Oposición al idealismo y al mecanicismo
1.

El materialismo dialéctico se opone al idealismo, en el sentido en que considera que no existe más realidad fundamental que la materia; pero la materia no es una realidad inerte, sino dinámica, que contiene en sí la capacidad de su propio movimiento, como resultado de la lucha de los elementos contrarios, (siendo la contradicción la esencia de la realidad, al igual que para Hegel), que se expresa en el movimiento dialéctico. Así, el movimiento hegeliano de la idea a la cosa y a su reconciliación, queda invertido, según la famosa frase de Marx, pasando a convertirse en un movimiento que va de la cosa a la idea y a su futura reconciliación. Todo el bagaje conceptual de la dialéctica hegeliana es conservado por el materialismo dialéctico, pero orientado ahora en la dirección opuesta.
2.

El materialismo dialéctico no se opone sólo al idealismo hegeliano, sino a toda concepción mecanicista y atomista de la naturaleza, es decir, no finalista." "La comprensión del total error por inversión del anterior idealismo alemán llevó necesariamente al materialismo, pero, cosa digna de observarse, no al materialismo meramente metafísico y exclusivamente mecanicista del siglo XVIII" (Engels, Anti-Dühring)." Se opone, pues, a la concepción que había predominado en la ciencia en el siglo XVIII y que lo seguiría haciendo en los siglos XIX y XX. Es propia del idealismo hegeliano la afirmación de un final feliz de la historia, de una reconciliación de la realidad consigo misma en el Espíritu Absoluto, como resultado mismo del movimiento dialéctico, una finalidad que no desaparecerá del materialismo dialéctico, al conservar, como lo hace, la dialéctica hegeliana para explicar el movimiento en la naturaleza.

"Y así hemos vuelto a la concepción del mundo que tenían los grandes fundadores de la filosofía griega, a la concepción de que toda la naturaleza, desde sus partículas más ínfimas hasta sus cuerpos más gigantescos, desde los granos de arena hasta los soles, desde los protistas hasta el hombre, se halla en un estado perenne de nacimiento y muerte, en flujo constante, sujeto a incesantes cambios y movimientos". (F.Engels, Dialéctica de la naturaleza. Introducción)

3.

Las propiedades que el materialismo dialéctico atribuye a la materia derivan de su concepción de la misma como única realidad objetiva, que es captada mediante los sentidos, permitiendo así su conocimiento. Del análisis de la materia se desprende que es infinita en duración, extensión, profundidad y movimiento. Que la materia es infinita en duración quiere decir que es eterna, increada e indestructible, por lo que el tiempo será concebido como una forma de existencia de la materia, constituyendo la eternidad y la temporalidad dos contrarios dialécticos de la materia. Que es infinita en extensión supone afirmar la infinitud del espacio. La afirmación de que es infinita en profundidad se refiere a la inagotable variedad de formas materiales, que se encuentran sometidas a un cambio perpetuo, es decir, a un movimiento infinito: movimiento y materia son inseparables.

"Pero el movimiento de la materia no es únicamente tosco movimiento mecánico, mero cambio de lugar; es calor y luz, tensión eléctrica y magnética, combinación química y disociación, vida y, finalmente, conciencia". (F.Engels, Dialéctica de la naturaleza. Introducción )


Las formas de conciencia
1.

En cuanto a la conciencia, se distinguen cuatro formas o tipos de conciencia: la conciencia de sí, por la que accedemos al conocimiento de nuestro propio ser; la conciencia psicológica, por la que conocemos nuestra propia identidad y la diferenciamos de la de los demás y de las otras cosas; la conciencia de clase, por la que accedemos al conocimiento de los intereses del grupo social al que pertenecemos; y la conciencia social, que se forma en las sociedades humanas como una especie de trasfondo ideológico, por el que asumimos creencias y costumbres al margen de toda consideración crítica.
2.

La relación de la materia con la conciencia no dejará de plantear problemas, al ser concebida la conciencia como el resultado de las fuerzas materiales, que la determinan, no quedando, según la formulación tradicional del problema, espacio para la acción de una conciencia libre, de una conciencia que se autodetermina. La conciencia es necesariamente un producto, una manifestación, de la materia, inseparable de ella. Como tal, representa la capacidad que tiene el ser humano de comprender, pero también de amar y de decidir libremente (voluntad). Pero ¿cuál puede ser el papel de la voluntad en una conciencia que deriva de una materia que existe independientemente del ser humano y de su propia conciencia?

"Hegel ha sido el primero en exponer rectamente la relación entre libertad y necesidad. Para él, la libertad es la comprensión de la necesidad. "La necesidad es ciega sólo en la medida en que no está sometida al concepto." La libertad no consiste en una soñada independencia respecto de las leyes naturales, sino en el reconocimiento de esas leyes y en la posibilidad, así dada, de hacerlas obrar según un plan para determinados fines. Esto vale tanto respecto de las leyes de la naturaleza externa cuanto respecto de aquellas que regulan el ser somático y espiritual del hombre mismo: dos clases de leyes que podemos separar a lo sumo en la representación, no en la realidad. La libertad de la voluntad no significa, pues, más que la capacidad de poder decidir con conocimiento de causa."

"Cuanto más libre es el juicio de un ser humano respecto de un determinado punto problemático, con tanta mayor necesidad estará determinado el contenido de ese juicio; mientras que la inseguridad debida a la ignorancia y que elige con aparente arbitrio entre posibilidades de decisión diversas y contradictorias prueba con ello su propia ilibertad, su situación de dominada por el objeto al que precisamente tendría que dominar. La libertad consiste, pues, en el dominio sobre nosotros mismos y sobre la naturaleza exterior, basado en el conocimiento de las necesidades naturales; por eso es necesariamente un producto de la evolución histórica." (F.Engels, Anti-Dühring, XI, Moral y derecho. Libertad y necesidad )


Las leyes de la dialéctica
1.

El materialismo dialéctico nos propone, pues, una interpretación de la realidad concebida como un proceso material en el que se suceden una variedad infinita de fenómenos, a partir de otros anteriormente existentes. Esta sucesión, no obstante, no se produce al azar o arbitrariamente, ni se encamina hacia la nada o el absurdo: todo el proceso está regulado por leyes que determinan su evolución desde las formas más simples a las más complejas, y que afectan a toda la realidad, natural y humana (histórica).

"Este es el ciclo eterno en que se mueve la materia, un ciclo que únicamente cierra su trayectoria en períodos para los que nuestro año terrestre no puede servir de unidad de medida, un ciclo en el cual el tiempo de máximo desarrollo, el tiempo de la vida orgánica y, más aún, el tiempo de vida de los seres conscientes de sí mismos y de la naturaleza, es tan parcamente medido como el espacio en que la vida y la autoconciencia existen; un ciclo en el que cada forma finita de existencia de la materia -lo mismo si es un sol que una nebulosa, un individuo animal o una especie de animales, la combinación o la disociación química- es igualmente pasajera y en el que no hay nada eterno do no ser la materia en eterno movimiento y transformación y las leyes según las cuales se mueve y se transforma." (F.Engels, Dialéctica de la naturaleza. Introducción )

2.

Las leyes según las cuales la materia se mueve y se transforma son leyes dialécticas. Al igual que ocurre con la dialéctica hegeliana, que es simultáneamente un método y la expresión misma del dinamismo de la realidad, la dialéctica de Marx y Engels encerrará ese doble significado. No se puede convertir, sin embargo, la dialéctica en un proceso mecánico, en el que se suceden los tres momentos del movimiento (tesis, antítesis y síntesis), como se hace a menudo con Hegel, en un esquema mecánico sin contenido alguno. "La dialéctica no es más que la ciencia de las leyes generales del movimiento y la evolución de la naturaleza, la sociedad humana y el pensamiento", dice Engels en el Anti-Dühring.
3.

La dialéctica nos ofrece, pues, leyes generales, no la particularidad de cada proceso. Que son leyes generales quiere decir que son el fundamento de toda explicación de la realidad, pero también que afectan a toda la realidad (naturaleza, sociedad, pensamiento) y que son objetivas, independientes de la naturaleza humana. Marx y Engels enunciarán las siguientes tres leyes de la dialéctica:
1. Ley de la unidad y lucha de contrarios.



"Pero todo cambia completamente en cuanto consideramos las cosas en su movimiento, su transformación, su vida, y en sus recíprocas interacciones. Entonces tropezamos inmediatamente con contradicciones. El mismo movimiento es una contradicción; ya el simple movimiento mecánico local no puede realizarse sino porque un cuerpo, en uno y el mismo momento del tiempo, se encuentra en un lugar y en otro, está y no está en un mismo lugar. Y la continua posición y simultánea solución de esta contradicción es precisamente el movimiento".

"Si ya el simple movimiento mecánico local contiene en sí una contradicción, aún más puede ello afirmarse de las formas superiores del movimiento de la materia, y muy especialmente de la vida orgánica y su evolución. Hemos visto antes que la vida consiste precisamente ante todo en que un ser es en cada momento el mismo y otro diverso. La vida, por tanto, es también una contradicción presente en las cosas y los hechos mismos, una contradicción que se pone y resuelve constantemente; y en cuanto cesa la contradicción, cesa también la vida y se produce la muerte. También vimos que tampoco en el terreno del pensamiento podemos evitar las contradicciones, y que, por ejemplo, la contradicción entre la capacidad de conocimiento humana, internamente ilimitada, y su existencia real en hombres externamente limitados y de conocimiento limitado, se resuelve en la sucesión, infinita prácticamente al menos para nosotros, de las generaciones, en el progreso indefinido". (Engels, Anti-Dühring, XII. Dialéctica. cantidad y cualidad.)

1.

Siguiendo los pasos de Heráclito y Hegel, Marx y Engels consideran que la realidad es esencialmente contradictoria. Todos los fenómenos que ocurren en la Naturaleza son el resultado de la lucha de elementos contrarios, que se hallan unidos en el mismo ser o fenómeno, siendo la causa de todo movimiento y cambio en la Naturaleza, en la sociedad y en el pensamiento. Con esta ley se explica, pues, el origen del movimiento.
2.

Entre los argumentos que se aportan para justificar esta explicación predominan los procedentes de las ciencias (Física, Ciencias naturales, Matemáticas, Economía), pero también de la Historia y de la filosofía. Entre las parejas de contrarios puestas como ejemplos podemos citar: atracción y repulsión, movimiento y reposo, propiedades corpusculares y ondulatorias, herencia y adaptación, excitación e inhibición, lucha de clases, materia y forma, cantidad y cualidad, sustancia y accidentes.
2. Ley de transición de la cantidad a la cualidad.



"Hemos visto ya antes, a propósito del esquematismo universal, que con esta línea nodal hegeliana de relaciones dimensionales en la que, en un determinado punto de alteraciones cuantitativas, se produce repentinamente un cambio cualitativo, el señor Dühring ha tenido la pequeña desgracia de que en un momento de debilidad la ha reconocido y aplicado él mismo. Dimos allí uno de los ejemplos más conocidos, el de la transformación de los estados de agregación del agua, que a presión normal y hacia los 0º C pasa del fluido al sólido, y hacia los 100º C pasa del líquido al gaseoso, es decir, que en esos dos puntos de flexión la alteración meramente cuantitativa de la temperatura produce un estado cualitativamente alterado del agua."

"Habríamos podido aducir en apoyo de esa ley cientos más de hechos tomados de la naturaleza y de la sociedad humana. Así por ejemplo, toda la cuarta sección de El Capital de Marx -producción de la plusvalía relativa en el terreno de la cooperación, división del trabajo y manufactura, maquinaria y gran industria- trata de innumerables casos en los cuales la alteración cuantitativa modifica la cualidad de las cosas de que se trata, con lo que, por usar la expresión tan odiosa para el señor Dühring, la cantidad se muta en cualidad, y a la inversa. Así, por ejemplo, el hecho de que la cooperación de muchos, la fusión de muchas fuerzas en una fuerza total, engendra, para decirlo con las palabras de Marx, una "nueva potencia de fuerza" esencialmente diversa de la suma de sus fuerzas individuales". (F.Engels, Anti-Dühring , XI, Moral y derecho. Libertad y necesidad.)

1.

Hablamos de cambio cualitativo cuando una cosa se transforma en otra que es esencialmente distinta. ¿Por qué unas cosas se transforman en otras que tienen propiedades diferentes a las de las cosas de las que proceden? Según la ley de transición de la cantidad a la cualidad, el aumento o disminución de la cantidad de materia influye en la transformación de una cosa en otra distinta. La acumulación o disminución de la materia es progresiva, mientras que el cambio de cualidad supone una modificación radical de la cosa, una revolución. Con esta ley se explica el desarrollo de los seres y los fenómenos naturales, sociales, etc.
2.

Todos los objetos de la Naturaleza poseen características mensurables, por lo que su esencia, su cualidad, es inseparable de los aspectos cuantitativos. Cuando una cosa pasa de poseer una cualidad a poseer otra hablamos de "salto cualitativo". Como todo movimiento es el resultado de la lucha de elementos contrarios, el salto cualitativo supone la resolución de una contradicción, que da lugar a una nueva realidad, que representa un avance en el desarrollo de la Naturaleza. El salto cualitativo no supone el mero cambio de una cualidad por otra, sino por otra que supera, de alguna manera, a la anterior.
3. Ley de negación de la negación.



"En la dialéctica, negar no significa simplemente decir no, o declarar inexistente una cosa, o destruirla de cualquier modo. Ya Spinoza dice: omnis determinatio est negatio, toda determinación o delimitación es negación. Además, la naturaleza de la negación dialéctica está determinada por la naturaleza general, primero, y especial, después, del proceso. No sólo tengo que negar, sino que tengo que superar luego la negación."

"Tengo, pues, que establecer la primera negación de tal modo que la segunda siga siendo o se haga posible. ¿Cómo? Según la naturaleza especial de cada caso particular. Si muelo un grano de cebada o aplasto un insecto, he realizado ciertamente el primer acto, pero he hecho imposible el segundo. Toda especie de cosas tiene su modo propio de ser negada de tal modo que se produzca de esa negación su desarrollo, y así también ocurre con cada tipo de representaciones y conceptos". (F.Engels, Anti-Dühring , XIII. Dialéctica. Negación de la negación.)

Comentario a la cita
1.

La ley de negación de la negación completa la anterior, explicando el modo en que se resuelve la contradicción, dando paso a una realidad nueva que contiene los aspectos positivos de lo negado. El primer momento del movimiento dialéctico, el de la afirmación, supone la mera existencia de una realidad; el segundo momento, el de la negación, supone la acción del elemento contrario que, en oposición con el primer momento, lo niega. El tercer momento, negando al segundo, que era ya, a su vez, la negación del primero, se presenta como el momento de la reconciliación, de la síntesis, recogiendo lo positivo de los dos momentos anteriores.
2.

Una vez alcanzado este estadio del movimiento nos encontramos ante una nueva realidad que entrará de nuevo en otro ciclo de transformación dialéctica, dando lugar, así, al desarrollo progresivo de la Naturaleza, de la sociedad humana y del pensamiento. Un desarrollo que se dirige hacia formas más completas, más perfectas, más integradoras, de la realidad.